‘El piropo es deshumanizante’ | El Comercio



Diana Gardeneira se alzó el año pasado con el principal premio de pintura de su ciudad, el Salón de Julio de Guayaquil. Lleva cuatro años trabajando proyectos artísticos en torno al acoso callejero. 

Diana Gardeneira ha construido su obra artística en torno a la violencia de género. Los insultos que reciben las mujeres en las calles a diario le prestan título a sus pinturas, objetos e instalaciones. Un filón de su obra más reconocida consiste en crear coloridos ‘collages’ con múltiples piezas de ropa femenina impresas en lienzo, sobrepuestas e intervenidas con pintura. “La idea es que si una mujer se pone toda esa ropa encima, hasta 60 piezas, tal vez de esa manera deje de recibir acoso en la calle”.

Empecemos por una aproximación al término y una definición personal, ¿qué es piropo y cómo lo entiende usted?

El piropo para mí no existe como lo puede entender la gente, lo que se debería llamar es acoso sexual callejero. En otro momento histórico se lo pudo entender como algo positivo, una expresión o frase para halagar a alguien, y en una época era más aceptado socialmente, pero el problema es que hemos llegado a extremos de lo grosería y de la vulgaridad. Los insultos que les dicen a las mujeres en la calle no son piropos, el piropo desapareció.

¿Por qué no se lo puede entender solo como un cumplido o un halago?

Porque incluso las frases más ‘halagadoras’ entre comillas que te pueden decir en la calle tienen este carácter de intromisión. Si un hombre quiere halagar a una mujer hay otras maneras. Creo que ahora finalmente tenemos la voz para defendernos de eso que quizás antes a ciertas mujeres tampoco les gustaba, pero no lo exteriorizaban. Cuando cuatro hombres en una camioneta te tiran un beso y te dicen ‘qué linda’, lejos de sentirte halagada lo que sientes es terror, miedo de que te hagan algo.

¿El contexto cambia el significado del piropo?

Es cierto que depende del ambiente, de que la mujer se sienta amenazada, agredida, atemorizada o no. En la calle, con un desconocido, es difícil aceptarlo como algo que no sea acoso. El halago en el juego de la conquista que una mujer consiente es distinto, y si dentro de ese juego de seducción ella dice no, hay que parar. Es un juego de poder también.

¿El piropo es una expresión vertical de poder?

Los hombres son los que tienen el poder en la calle, el espacio público es de ellos, el caminar con libertad… Los monumentos celebran sus hazañas. Desde lo simbólico la ciudad está construida para los hombres. Y luego imponen poder soltando frases o groserías a las mujeres. En el momento en que una mujer muestra temor, ellos se mueren de risa, entonces ellos están ganando…

¿La cuarta ola del feminismo ha influido en entender de una manera distinta a esto de piropear?

Hay una indignación colectiva, antes el miedo de hablar y de denunciar nos ganaba. Hoy existe más apoyo entre las mujeres y de la sociedad. La gente está, por lo menos un poco, abriendo los ojos, y creo que vamos por un buen camino.

La raíz griega del término nos lleva a que piropo significa “fuego en la cara” ¿El piropo es algo que sonroja, avergüenza o humilla?

Todo el tiempo. Una se enrosca en sí misma, como en una carcasa y muchas chicas quieren pasar inadvertidas. El ponerte los audífonos ya es también como una especie de escudo de protección. Uno siente vergüenza, pero no debería ser así. ¿Si me están diciendo una grosería por qué yo tengo que sentir la vergüenza?

¿El contestar de forma airada busca que la vergüenza recaiga en el acosador?

Sí. Y admiro mucho a las mujeres que pueden hacer eso. Es toda una serie de variables la que tienes que medir, como el lugar en donde estás, para defenderte. Es terrible que uno no pueda caminar por su propia ciudad. La idea tampoco es pelearse, pero sí trato de defenderme, antes no lo hacía, el compartir estas experiencias me ha empoderado, y son pequeñas victorias.

¿El problema es que por acumulación estos piropos ganan otro peso?

Exacto. Aunque sea el ‘muñeca’ de siempre. Al punto que cuando alguien viene a darte un buenos días no lo asimilas, piensas que te van a hablar mal.

¿Es una práctica que te pone a la defensiva?

Caminar por Guayaquil es andar a la defensiva, y está mal. Y ni siquiera podemos confiar en la Policía cuando vas por la calle y una patrulla te comienza a pitar de forma insistente. En diciembre, la Ministra de Gobierno ofreció disculpas luego de que una chica denunciara que un policía la acosó con un “preciosa” en la calle.

¿Cómo vivió la polémica del piropo del policía?

Fue terrible lo que esta chica tuvo que recibir en redes cuando lo único que pedía es que no la acosen. Pero qué fuerte y valiente fue al denunciar.

¿El piropo es una opinión que nadie pidió?

Es una aproximación que nunca quise, ¿por qué tengo que aceptarlo sin chistar?

¿Además implica una cosificación?

Te disminuyen a objeto sexual, además “débil”, que no se puede defender.
¿No hay piropo galante?

No, no me ha pasado. Hasta el “muñeca” y “mijita” me suenan ofensivos por el tono y porque lo dicen y se van. ¿Para qué lo dicen, si lo sueltan y se van corriendo? ¿Quieren establecer una conversación conmigo? No. Ni eso. Tiran la piedra y se van de forma cobarde. Hice una encuesta para mi proyecto artístico, con 140 mujeres, el 99,6% dijo que los piropos pueden ser ofensivos. A un 91% de las consultadas no les gusta recibir piropos de ningún tipo. Las mujeres quieren que las dejen en paz, caminar tranquilas por las calles.

¿No se está matando la seducción si eliminamos el galanteo y el coqueteo?

Si viene una persona a tirarme un preciosa y sale corriendo, eso no es galantería ¿qué tipo de coqueteo es ese? Si quieren conversar conmigo y conocerme, hay otras maneras. Hay otras formas de aproximarte, conversar con una mujer y conocerla. Es un ser humano, trátala como un ser humano, nada más, no es muy difícil.

¿Qué la llevó hace cuatro años a abordar el relato del acoso creando estas armaduras feministas de ropa superpuesta para referirse a los insultos callejeros?

La indignación de ver cómo vivimos las mujeres a diario. Darme cuenta de la violencia que impone el machismo en la calle me hartó. No es algo que uno pueda callar, cuando las cifras oficiales dicen que el 60% de las mujeres ha sido víctima de violencia y yo hablo con mis amigas y todas han sido víctimas de acoso en la calle.

¿Cuál es el papel del arte en este tipo de debates?

Genera conversación. Desde el arte se pueden repensar un poco estas nociones machistas. Te ayuda a que la gente pueda procesar mejor estos temas, es un facilitador para abrir mentes y conciencias.

Hizo una encuesta de las cosas que le dicen a las mujeres en la calle. ¿Qué es lo peor que les dicen?

Las frases que dan título a mis obras son las más publicables: ‘‘Yo sí te lo hago todo”, “Probar tu mango”, “Cojuda, acepta mi halago”, pero va desde el “mamacita” a “cuidado se derriten con el sol”, y hay otros muchos peores, soeces. Los que te obligan a volver a casa a quitarte la falda, como decía una chica, y te hacen llorar.

El libro ‘Los hombres me explican cosas’ de Rebecca Solnit denuncia una “epidemia de desprecio a la mujer”, empezando por una condescendencia cotidiana. ¿Tiene alguna relación con el piropear?

Sí, los hombres piensan que necesitamos que ponderen nuestro aspecto físico, y no lo necesitamos. Son expresiones del machismo, de la necesidad de expresar autoridad y de ejercer poder.

¿Se asume el piropo distinto por un despertar crítico hacia esa autoridad?
Estamos cuestionándolo todo, solo porque la autoridad dice algo, no significa que sea correcto. Es necesario ponderar todas las perspectivas. Pero creo que si te enfocas solo en lo negativo no es una manera sana de vivir, tenemos que enfocarnos también en lo positivo, es un privilegio poder tratar estos temas de forma libre hoy, porque no siempre fue así.