La taquilla no salvó a Frozen ni al Rey León



Las nominaciones de los premios Annie y Oscar enfrentan a estudios referenciales como Pixar y Disney con propuestas artísticas más variadas, como el ‘stop-motion’ 

La animación dejó atrás la época en que se la consideraba como un instrumento menor para entretener a los niños, un vehículo para impartirles alguna educación o un tipo de valor. Incluso hubo una época en que los dibujos animados fueron criticados y acusados de ser adictivos, adoctrinadores y alienantes. Hubo alguien que arremetió alguna vez en contra del Pato Donald y le dedicó un libro entero, calificándolo de agente del capitalismo.

Hoy, intervenir en una obra de animación es considerada una actividad altamente intelectual y artística que, además, forma parte de una poderosa industria que cataliza otras ramas, como la de juguetes, la textil y la de enseres.

El cine de animación cuenta desde el 2001 con su propio premio en la ceremonia de los Oscar, aunque desde 1992 existe el premio Annie al mejor largometraje del género.

Más allá de que la práctica de entregar trofeos y nominaciones no necesariamente galardona al ‘mejor’ trabajo, dado el amplio margen de consideraciones que permite la subjetividad, tanto el Oscar como el Annie sí reflejan las tendencias de un sector poderoso e influyente en la cultura.

Esta noche, justamente, se entregan los Annie, cuyos organizadores (la Asociación Internacional de Cine de Animación) siempre han debido encontrar una manera de responder a las evoluciones del sector, pero también a las presiones de los productores.

Desde el 2015, por ejemplo, los Annie en realidad entregan dos premios importantes, uno al Mejor largometraje (a secas) y otro al Mejor largometraje independiente. Cansados de perder ante estudios estadounidenses como Pixar, Disney o DreamWorks, los demás socios presionaron para que también se reconociera a los trabajos de los estudios internacionales y los pequeños de Estados Unidos que no manejan los presupuestos millonarios de Hollywood.

Este año de nuevo hay polémica en el Annie. ¿Qué es, exactamente, un estudio independiente? O, mejor dicho, ¿independiente con respecto a qué parámetro? En un hecho inédito, Netflix tiene una película nominada en rubro de las independientes (‘¿Dónde está mi cuerpo?’, del francés Jérémy Clapin) en el general (‘Klaus’, del español Sergio Pablos).

Ambas provienen de estudios más modestos, pues Netflix es distribuidor pero también socio. ‘Klaus’ costó USD 40 millones mientras que ‘¿Dónde está mi cuerpo?’ no llegó a los 6 millones.

Para aumentar el desconcierto, el premio Oscar, el cual se entregará el 9 de enero, no diferencia si la obra es independiente o de un gran estudio, así que ‘¿Dónde está mi cuerpo?’ y ‘Klaus’ compiten por la estatuilla, en lo que constituye un potente reconocimiento al modelo de negocios de Netflix para filmar y distribuir la animación.

El Annie y el Oscar jamás han entregado el máximo premio a películas de bajo presupuesto. La más barata ha sido ‘El viaje de Chihiro’, de la japonesa Studio Ghibli, que costó USD 19 millones. Y eso fue en el 2002. Desde ese año, jamás ha ganado una cinta de técnicas tradicionales porque, justo un año antes, comenzó la pugna entre Pixar/Disney y Dreamworks por el reinado en el género.

Pixar, cuya génesis estuvo en la división computacional de Lucasfilm para luego ser refundada por Steve Jobs, ha sido nominada en 13 ocasiones al Oscar y lo ha ganado en 9. Con John Lasseter como su cerebro más importante, Pixar revolucionó la animación digital con su software RenderMan,pero también con un ingenioso gusto por las historias en las que los protagonistas evolucionaban luego de pasar pruebas difíciles. ‘Toy Story’, ‘Buscando a Nemo’, ‘Los Increíbles’ y ‘Cars’ arrasaron en las taquillas pero también representaron un avance en cómo animar el movimiento del cuerpo, el bamboleo del cabello y las infinitas texturas de las cosas.

Disney compró a Pixar en el 2006 y Lasseter imprimió en el estudio del ratón la misma mezcla de investigación y sensibilidad. Disney ha ganado tres premios Oscar y ha tenido 11 nominaciones en total.

DreamWorks ha estado a la saga. Solo ‘Shrek’ y ‘Wallace & Gromit’ han logrado el galardón. Fundado por Steven Spielberg y Jeffrey Katzenberg, sus filmes son más ácidos y menos sensibles que los de Pixar, pero también han conectado con los niños del siglo XXI, más hiperactivos y menos inocentes.
El estilo ‘render’ de Pixar ha dominado la estética en estos 20 años, pero el triunfo de ‘Spider-Man: Into the Spider-Verse’, de Sony, en el Oscar y el Annie del año pasado, fue interpretado como el hartazgo de la tridimensionalidad en beneficio de las técnicas que mezclan 2-D con 3-D.

El gran golpe es que, para este año, ni ‘Frozen II’ ni la versión fotorrealista de ‘El rey león’ fueron nominados al Oscar. Las dos cintas de Disney encabezan la marca de recaudación para una cinta animada de la historia. Sin embargo, ‘Frozen II’ apenas disputa el Annie, y no es la favorita.

La favorita es (sorpresa general) un rotundo fracaso de taquilla. ‘Mr. Link’, del estudio Laika, que costó USD 100 millones pero apenas recaudó la cuarta parte. Filmada en ‘stop motion’, es decir, se graba fotograma a fotograma y no se dibuja,sino que se utilizan muñecos de plastilina.

Aunque su desempeño en boleterías fue decepcionante, los críticos han alabado su belleza gráfica, su humor y su inteligencia. Ya ganó el Globo de Oro y tiene otro punto a favor: Disney la distribuyó.

DreamWorks busca el Annie y el Oscar con la tercera parte de ‘Cómo entrenar a tu dragón’, mientras que Pixar espera ganar con la cuarta parte de ‘Toy Story’, su narrativa más emblemática. Ambas son cintas de saga y sus personajes ya forman parte de la cultura popular. Pero, quizás, la animación lo que pide es menos parafernalia y más corazón.