#OPINIÓN Por la puerta del Sol (79): Desplome moral y físico #1Ago



“Hemos perdido las noches para la vida, las hemos dejado para el encierro y el miedo”

(Macario González)

A medida que transcurre el tiempo, el venezolano que esperaba salir de la desesperanza, vislumbra con la llegada del Coronavirus cargado de muerte y de las actitudes del gobierno cargadas de ineptitudes, del empeoramiento de más hambre, de más inflación, de más matraca en los surtidores de gasolina, más abuso y más carestía, cuyo deseo principal no es salvar de la hambruna y necesidades al pueblo, sino el macabro capricho de mantenerse en el poder a cualquier precio.

Engaña y manipula al pueblo con falsas promesas en un momento en que al venezolano le es imposible mantenerse, ni mantener a su familia con el miserable salario de 400.000 bolívares, que no alcanza ni para el pan de un solo día. Su egoísmo, impiedad y burla no tiene límite, no soluciona nada y con el encierro a que nos ha condenado culpa al virus, al imperio y a los opositores.

El pueblo no vislumbra una salida a su crisis ni a su hambre. No ve un resquicio, un respiro ni esperanza, se ve expuesto solo a la muerte, al cinismo, a las mentiras y aumento de precios sin control, imposible de soportar por mucho tiempo. No se necesita de una lupa para confirmar el desplome moral y físico del pueblo, cuya desgracia y miseria está a la vista del mundo entero. Las necesidades diarias van en peligroso ascenso, la desesperación, la COVID-19, las enfermedades y el hambre subrayan a la población cinco caminos sin que a nadie le preocupe que la llevarán: A la locura, a la cárcel, a la fuga del país, a la esclavitud o a la sepultura.

La frustración y pesadumbre es tal que casi nadie disfruta de los que tiene al lado ni de los hermosos días que la naturaleza no descansa de mostrarnos, no miran al cielo, no rezan ni logran vislumbrar una luz en la oscuridad, ellos perciben las estrellas como si fueran astros repulsivos que vierten sobre la tristeza sus vómitos de luz que calcinan el alma y huelen a desolación, a brasa, a desierto.

Se pierde el país en un mar de inquietudes, se pierde la brújula, la lucha y el contacto con ella, irremediablemente de esta manera Venezuela estará perdida.

Venezuela: La lucha no ha muerto ni el amor a la patria, tampoco Dios. En el fondo de la caja de Pandora todavía queda la argentina luz de la esperanza.

La revolución ha puesto en el camino sus lapidarias rocas, sus demencias y maldades en cada rincón de la patria, en cada fatiga. La vorágine de la intolerancia sobrevuela como buitre el poco espacio de libertad que queda para devorarlo, el odio y la codicia sigue cavando hondo en su entraña para encerrar y amortajar la vida y poner fin a los reclamos y protestas.

Aunque la muerte sigue llevándose a la sepultura a los más vulnerables, a los más desasistidos, no todo está perdido, el sol sigue mostrando sus resplandores, los cocuyos siguen abriendo sus alas en la plenitud de la oscuridad alumbrando los senderos.

Si el pasado puso a Venezuela en el infierno en que arde, al frente hay un futuro esperando…

Cada mañana el canto del gallo invita cual Ave Fénix a renacer de las cenizas del pavor en el que hundieron la patria.

¡Venezuela no te mueras! todavía hay alientos. El milagro del alba cada día anuncia entre sus brillos aurorales la profesía del retorno a la salud, a la alegría, a la paz, a la libertad y al final del desplome a que te ha llevado el destructivo y macabro socialismo del siglo XXl.

Amanda Niño de Victoria

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